¡Se enteró demasiado tarde de que su marido iba a vender la casa!

Laura se preguntó cuánto tiempo llevaba Brett planeándolo. Semanas, quizá meses, tal vez más tiempo del que podía imaginar. Cada día ordinario se reescribía bajo sospecha, las conversaciones se reorganizaban, los silencios se reclasificaban, los recuerdos perdían su inocencia retrocediendo por su historia compartida con silenciosa persistencia.

Buscó en su memoria pistas que podría haber ignorado. Tardanzas en el trabajo. Respuestas distantes a preguntas sencillas. Conversaciones acortadas a la logística. Cariño aplazado. Nada de eso era dramático, nada exigía alarma, pero juntos formaban un patrón que ya no podía fingir que era accidental.