¡Se enteró demasiado tarde de que su marido iba a vender la casa!

Su silencio era peor que una confesión. Laura se dio cuenta de que podía perdonar los errores, incluso la traición, si él se arrepentía de verdad, pero no la exclusión. Sentía como si su amor se estuviera convirtiendo en una jerarquía, donde las decisiones se tomaban por encima de ella, y la verdad se volvía opcional, racionada y controlada por el miedo y el secreto.

Ella le dijo: «No puedo vivir con medias verdades, no después de todo lo que hemos compartido. El amor exige honestidad» El hecho era que ahora sus palabras tranquilizadoras sólo le parecían manipuladoras. Ella necesitaba claridad. Quedarse con él significaba aceptar el borrado, lentamente, educadamente, hasta que no quedara nada de su voz.