Él dijo: «Nunca te abandonaría, nunca arriesgaría tu seguridad» Habló con firmeza, casi suplicante. Le recordó los años que habían pasado juntos, los planes que habían compartido. Sin embargo, cada promesa resultaba vacía. Sus palabras parecían condicionales y frágiles, dependientes de su obediencia más que de su colaboración, y su confianza no podía sobrevivir a aquel desequilibrio.
Se negó a decir más, trazando una línea invisible. Las preguntas chocaban con el silencio. Las explicaciones se aplazaron. Por favor, ¿puedes esperar? Puedo explicártelo todo, pero aún no» La petición de que confiara ciegamente en él le pareció poco razonable, casi cruel, dado lo que ya había ocultado y probablemente puesto en marcha sin que ella lo supiera.
