¡Se enteró demasiado tarde de que su marido iba a vender la casa!

Aquella noche se enfrentó a Brett cuando él regresó del trabajo, con los documentos en la mano y colocándolos sobre la mesa entre los dos. Su voz se mantuvo firme a pesar de que le temblaban los dedos. Le preguntó cuándo pensaba decírselo. La pregunta quedó flotando en el aire mientras la casa escuchaba, inmóvil, cómplice a la tenue luz de la cocina.

Brett palideció en cuanto vio los papeles y se le fue el color de la cara. Sus ojos se movieron rápidamente, calculadores, y luego se detuvieron. ¿Era culpa, miedo, o ambas cosas? Parecía que esto era complicado, planeado y peligroso en formas que ella aún no comprendía. ¿Alguna vez lo había entendido?