¡Se enteró demasiado tarde de que su marido iba a vender la casa!

Las matemáticas aterrorizaban a Laura más que las emociones. Los números no ofrecían consuelo. Calculó plazos, alquileres, depósitos y contingencias. Cada cifra estrechaba su futuro. El miedo se agudizó cuando se dio cuenta de que el amor podía desaparecer en silencio, pero las finanzas se derrumbaban estrepitosamente, sin piedad, obligándola a tomar decisiones para las que no estaba preparada.

Sus ahorros eran modestos, conseguidos con esmero a lo largo de años de trabajo constante. Había planificado con responsabilidad y estaba orgullosa de su disciplina. Sin embargo, ahora las cifras se burlaban de ella. Le ofrecían supervivencia, no seguridad. Suficientes para soportar el cambio, pero no para reconstruir una casa o reponer lo que le habían quitado de repente.