¡Se enteró demasiado tarde de que su marido iba a vender la casa!

¿Se había resentido Brett sin decirlo? La idea la inquietaba profundamente. Repasó los momentos, buscando señales que pudiera haber pasado por alto. Ninguna era evidente. Si estaba resentido, llevaba una máscara de paciencia, oculta bajo la cortesía, que hacía imposible enfrentarse a ella.

Volviendo a aquella llamada, se había tragado el momento, diciéndose a sí misma que estaba exagerando. Ahora, con la carta en la mano, el recuerdo se reorganizaba. La voz de la mujer, el secretismo, los gastos, la reserva del hotel y ahora la venta de la casa. Lo que antes parecía ambiguo se convirtió en certeza.