¡Se enteró demasiado tarde de que su marido iba a vender la casa!

En aquel momento, la decisión de no tener hijos le había parecido progresista, meditada e incluso ilustrada. Enmarcaron la decisión como una libertad intencionada, mutua y una elección moderna. ¿Y si él hubiera cambiado de opinión? ¿Y si necesitaba algo más en la vida que lo que compartía con ella?

Laura se preguntó si la falta de hijos había creado una distancia que ella nunca había previsto. Sin hijos, había menos reconocimientos forzosos, menos anclajes compartidos. La vida transcurría fácilmente en paralelo. El silencio se hizo cómodo, luego permanente, hasta que la propia ausencia se sintió como algo normal, incuestionable y extrañamente invisible entre ellos.