¡Se enteró demasiado tarde de que su marido iba a vender la casa!

Había sido más su elección que la de él, algo que ella había reconocido pero que nunca había cuestionado en profundidad. Ella habló primero, enumeró razones, temores y prioridades. Brett escuchó, asintió y aceptó. Su consentimiento le pareció generoso entonces. Ahora se preguntaba si lo había hecho a regañadientes.

Brett había accedido sin oponer resistencia ni discutir, lo que la había tranquilizado. Sintió alivio y gratitud por la armonía. Parecía una prueba de alineación. Ahora reconsideraba aquella tranquilidad, preguntándose si su serena aceptación enmascaraba un sacrificio, y si su silencio había sido resignación que ella no había notado.