La mujer desaparece horas después de dar a luz: el instinto del marido le dice que revise su armario

Ethan la siguió por un silencioso pasillo bordeado de puertas cerradas. El aire se hizo más pesado, el silencio sólo interrumpido por el suave traqueteo de un carro lejano. El pulso le latía en los oídos. Se detuvo ante una puerta casi al final. «Está dentro», murmuró la mujer.

Ethan entró y se quedó inmóvil. Lina estaba sentada en una silla, con su hija en brazos. Las lágrimas caían sin control por su rostro. En la cama de al lado yacía un anciano con los ojos cerrados y la piel pálida. La quietud que reinaba en la habitación indicaba el carácter definitivo de la muerte.