De vuelta en el bullicio de la vida urbana, Hazel se encontraba a menudo rememorando la pacífica belleza del bosque. El bullicio de la ciudad no podía borrar los vívidos recuerdos del susurro de las hojas y los momentos de serenidad. Finalmente, se hundía en la comodidad de su hogar, saboreando una copa de vino con David, su novio, y dejando que el estrés del día se esfumara.
