Suficiente para dejar de preocuparse en público, aunque los márgenes siguieran siendo estrechos en privado. El equilibrio entre beneficio y riesgo era delicado, siempre lo había sido. El crecimiento sólo funcionaba porque alguien lo vigilaba atentamente. Alexis lo hacía. En silencio. Sin descanso. Mantuvo todo intacto entre bastidores, suavizando los bordes, asegurándose de que los números nunca se inclinaran demasiado en ninguna dirección.
Se decía a sí misma que así era como se construía. Muchas horas ahora. Estabilidad después. Una vida que sigue creciendo. Seguro que había partes que ella no veía, rincones del trabajo que ya no necesitaban su atención constante. Ella confiaba en eso, porque confiaba en él. Fue entonces cuando las pequeñas cosas empezaron a resultarle extrañas.
