En algún momento, ese hombre había desaparecido, sustituido por alguien más frío. Más afilado. Alguien que la miraba como si tuviera sobrepeso. Este Vincent no la conocía. O tal vez nunca había querido conocerla. Se le apretó el pecho al pensar: el hombre al que amaba ya no existía. Si es que alguna vez lo había hecho.
En un semáforo, su mente se desvió -no deseada, no invitada- hacia la empresa. A los libros que había mantenido en equilibrio durante años. A las cosas que había suavizado en silencio. Las decisiones que Vincent había tomado sin preguntarle. Riesgos que él había tomado asumiendo que ella se daría cuenta de las consecuencias antes de que importaran.
