Aún tenía las manos temblorosas cuando abrió la puerta principal. Dentro, la casa olía a detergente y a la débil pomada medicinal que había frotado en la piel de Marcus. Marcus se sentó frente al televisor. La miró y luego apartó la vista, como si ya hubiera decidido que ella estaba exagerando.
Julie no le dio importancia. «La señora Kline cree que ayer vio a alguien arriba», dijo. «Dime que hay una explicación» La mandíbula de Marcus se tensó. Hizo rodar su silla unos centímetros como si necesitara espacio. «Julie, estás hablando como si hubiera un ladrón viviendo en nuestras paredes»
