El perro llevaba más de un año siendo calificado de «impredecible». Lo peor era que nadie parecía poder sugerir una cura para el problema. Y Marcus no se atrevía a realojar al perro, pues le parecía un flaco favor a la memoria de Catherine.
Gerald Marsh, asesor personal y compinche de Marcus, le había recomendado al gerente de las instalaciones. Sólo una semana después del funeral, se sentó en el estudio de Marcus y le dijo: «El dolor te ha consumido. Deja que yo me ocupe de las cosas prácticas por ahora» Marcus, abatido, se lo había agradecido.
