Detrás de él oyó la voz de Hargrove, tranquila y definitiva. «Gerald. Espera en tu despacho. Necesitaremos hablar contigo después» Elias no miró atrás. Siguió a los hombres hasta la sala de conferencias, dejó la carpeta sobre la mesa y se sentó.
Se quitó el sombrero y lo colocó en la silla de al lado -como siempre hacía, como Margaret siempre se había burlado de él- y miró a las personas que tenía enfrente y que por fin, después de todo, estaban dispuestas a hablar. Pensó que todo iría bien. Pensó que Margaret se había asegurado de ello hacía mucho tiempo.
