El director de un banco hace esperar dos horas a un anciano agricultor: su cara cambia cuando entran los miembros del consejo de administración

Elias Boone no tenía mucha ropa elegante. Tenía su camisa de la iglesia -una camisa azul pálido abotonada que mantenía planchada y colgada separada de todo lo demás- y sus buenos pantalones oscuros que Margaret le había elegido en la sección de ropa de la ferretería allá por 2011 porque le había dicho que necesitaba al menos un par de pantalones que no tuvieran historia.

Aquella mañana se puso los dos y se quedó un momento en el espejo del baño decidiendo si era suficiente. Tendría que serlo. Margaret siempre había sido la que sabía cómo presentarse para ocasiones como ésta.