Eleanor empezó a cuidar a Maxine durante los días laborables en su propia casa. Todas las mañanas, Mike y Carrie preparaban la misma bolsa pequeña -merienda, ropa de recambio, un conejo de peluche sin el que Maxine se negaba a dormir la siesta- y cruzaban la ciudad antes de ir a trabajar.
Eleanor siempre los recibía en la puerta, ya vestida, ya preparada, con la casa silenciosa y ordenada de tal manera que parecía más un horario que un hogar. En la calma. En no «sobreestimular» a los niños con ruido o desorden.
