«¿Mi jardín?» Eleanor dijo. «Mike, ya te he dicho…» «El doctor las quiere», cortó él. «Flores. Hojas. Tierra. Cualquier cosa que Maxine pudiera haber tocado» Otra pausa. Más corta esta vez. «Estaré allí», dijo. «Por supuesto que estaré»
Llegó cuarenta minutos más tarde, con el abrigo mal abrochado, el pelo recogido con demasiada fuerza y una bolsa de la compra reutilizable llena de envases perfectamente etiquetados. Parecía agitada, pero serena, como alguien decidido a demostrar algo. «Lo he traído todo», dijo Eleanor, dejando la bolsa con cuidado sobre la encimera. Su voz era enérgica, pero no aguda.
